El ajo no es solamente un alimento. Es considerado por los médicos tradicionales como un medicamento. La investigación moderna confirma lo que ya se sabía: el ajo es un arma poderosa para luchar contra las enfermedades.
Hipócrates, el padre de la medicina, recetaba ajo muy a menudo. El se lo daba a los primeros atletas olímpicos de la antigua Grecia, para mejorar sus rendimientos. Se ha encontrado ajo en los pirámides de Egipto; es citado en la Biblia, en la Torá, en el Corán.

Este alimento que encontramos fácilmente en todas partes tiene un poder extraordinario sobre la salud.
La investigación moderna confirma lo que los curanderos y los herboristas antiguos ya sabían: el ajo es un arma poderosa para luchar contra las enfermedades. En 1999, un estudio realizado por Serge Ankri y David Mirelman, del Weizmann Institute of Science, muestra que un compuesto llamado alicina contenido en el ajo tiene propiedad antimicrobiana, antiviral y antiparasitaria. También se ha probado que el ajo puede combatir algunas superbacterias resistentes a los antibióticos.
Para sacarle provecho al ajo, hay que saber una cosa esencial: la alicina, para ser poderosa, necesita una enzima llamada alinasa. Cuando picas el ajo, las paredes celulares se rompen y la alicina se alimenta de alinasa, así se vuelve muy poderosa y muestra ese poder que le conocemos al ajo.
Error que debes evitar: Si deseas sacar provecho a los beneficios del ajo, no la eches a la sartén. El calor neutraliza los beneficios de la alicina para la salud.
En el 2001, un estudio realizado por K. Song y J.A. Milner, de The Pennsylvania State University, demuestra que la cocción del ajo en la sartén, la cacerola o en el microonda destruye el poder de la alicina.
Para beneficiarte de las propiedades curativas del ajo, según sugieren los científicos, debes dejar reposar 10 minutos los dientes de ajos después de picarlos, de manera que la alicina se nutre de alinasa. Consume el ajo crudo en ensalada y agrega vinagreta. Existen muchas recetas que puedes hacer para aprovechar de los poderes curativos del ajo, sin calentarlo.